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viernes, 17 de febrero de 2012

VÍA CRÍTICA / Los 25 millones ¡a la chingada!

Por Miguel Ángel Gómez Polanco


Si es usted de los osados que leerán este texto, no obstante la forma tan coloquial y carente de sutileza para titularlo, le doy la bienvenida más cordial, festejando su sensatez y apertura.

            La altisonancia de esta columna responde, en un primer término, a la referencia que ha puesto de moda el aspirante de la izquierda a la presidencia de la república: Andrés Manuel López Obrador, quien hace pocos días fue sincero en responder que si no ganaba la contienda en esta ocasión, se olvidaría de “legitimaciones” y borlotes, y dejaría por la paz su lucha.

            Pero lo curioso fue la manera en que se expresó el “amoroso” Peje: “si la elección es limpia y libre, pero aún así pierdo, entonces me voy a la chingada”, fueron las palabras textuales del otrora jefe de gobierno del Distrito Federal.

            La expresión no necesita explicación, como es de suponerse. Sin embrago, las implicaciones etimológicas, asociativas y hasta geográficas, sí valen la pena ser mencionadas.

            Por ejemplo, según la RAE, la raíz de este término es considerada una derivación del caló čingarár, que a manera de modismo, remite a la pelea. Asimismo, según el Diccionario Breve de Mexicanismos del italo-mexicano Guido Gómez de Silva, “chingada” es otra manera de llamar a las prostitutas, o bien, a una mujer promiscua, así como representar una expresión de protesta usada para dar salida al enojo causado por adversidades o sorpresas.

            Luego entonces, dijera mi querida profesora Nelly; podríamos concluir que de perder nuevamente la elección para la presidencia de la república, Andrés Manuel se iría con una mujer de la vida galante, o en su defecto, a continuar peleando -sabrá Dios a dónde-, pero habiendo dejado salir antes su enojo, aceptando que tanto como “sorpresa” por el hecho, no habría.

            Ahora bien, en el aspecto geográfico (¿ah verdad?), nuestro querido estado de Veracruz luce como el verdadero alojador de la “chingada”, pues perteneciente al municipio de Perote se encuentra una localidad que lleva este nombre y con apenas cinco habitantes en su extensión, quienes quizá han sido los únicos que han aceptado irse para allá, no obstante los muchos que hemos sido mandados tantas veces y por años.

            Y es que aunque Jalisco, Oaxaca, Morelos, Tamaulipas y hasta la mismísima “Madre Patria”, España, se disputan a la “chingada” como de su pertenencia, sólo Veracruz la tiene instituida como una localidad que forma parte de un municipio, lo que le da el título de poseedor legítimo de ella.

            Entonces, Veracruz sería una opción de hogar para Andrés Manuel López Obrador; idea que no suena descabellada, considerando las raíces veracruzanas del precandidato de la izquierda, que incluso llegaron a influir para que en el 2009 se considerara a este personaje como posible contendiente por el gobierno de nuestro estado, ya que su padre es oriundo de la Cuenca del Papaloapan.

            Pero no. La “chingada” a la que se refería López Obrador es un rancho que le heredaron sus padres y cuyo significado para el perredista es grande y de muy buenos recuerdos. Está ubicado en Palenque, Chiapas; cercano a la capital de aquel estado.

            La cosa cambia en el aspecto asociativo, en el que sale a colación el tema de los 25 millones de pesos incautados por la PGR al gobierno de Veracruz hace unas semanas, que como el mismo López Obrador dijera en una visita reciente a Boca del Río para asistir al foro “Nueva Economía”: se debe investigar, pues cualquiera que ha estado en la administración sabe que no se puede pagar así ningún servicio.

            El tema aún está caliente (o debe estarlo). De hecho, en un afán de no “entorpecer” la relación entre gobierno estatal y federal, fueron los diputados federales por Veracruz los que ya exigieron la devolución de la lana. Por su parte, el senador Juan Bueno Torio presentó denuncia contra de Javier Duarte y los sus “abusados” colaboradores, Miguel Robles y Said Sandoval, al asegurar tajante que este envío era para fines electorales y de financiamiento en la campaña de Enrique Peña Nieto.


SUI GENERIS

Lo realmente sustancioso del asunto es que esos 25 millones, integrados indudablemente con dinero de los veracruzanos, deben regresar al estado para ser auditados inmediatamente.

Por eso yo sugiero que, para que no haya lugar a dudas, cuando regresen los dineros, los manden a la “chingada” (pero a la veracruzana, no la chiapaneca). Ahí podrán aguardar en lo que se fincan responsabilidades por lo que probablemente es un desvío de recursos penoso y muy grave.



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martes, 7 de febrero de 2012

VÍA CRÍTICA / 25 Gate Inc.

Miguel Ángel Gómez Polanco

“No hagas cosas buenas, que parezcan malas”, versa aquel popular dicho sobre las intenciones y en Veracruz, vaya que se comprobó.

            Después el funesto escándalo por la detención de Miguel Morales Robles y Saíd Sandoval Zepeda; al primero, por haberlo “cachado” con 25 “melones” en maletitas (aunque no se aclaró si con o sin ligas) en el aeropuerto de Toluca, mientras que al segundo por andar haciéndole la valona a éste, despertó entre otros sentimientos, indignación y juicios lógicos, sobre todo por el lugar donde arribaron estos aventados: el Estado de México.

            El principal señalamiento: que el dinero iba “etiquetado” para apoyar a Enrique Peña Nieto, algo que suena, además de obvio, muy coherente y -a estas alturas- fríamente intrascendente, pues se trata de una más de las ancestrales prácticas tricolores, no obstante que el mandatario veracruzano mandó a don “Tommy” Ruiz para aclarar el verdadero motivo de la transportación del efectivo, como pago a la empresa Industria 3 Studios, propiedad del laureado realizador Willy Sousa, por la organización y operación de las festividades de la Candelaria, Carnaval de Veracruz y Cumbre Tajín.

            De lo anterior, se pueden concluir varias situaciones, que no dejan de tener un notorio desencanto.

            Lo primero: es sabido por todos que Willy Sousa fue uno de los principales beneficiados por la celebración del Bicentenario de la Independencia en el 2010, pues la contratación de éste para varios de los eventos que enmarcaron el festejo, trajo consigo un fuerte gasto como pago por sus servicios.

            Según Ricardo Sánchez Reyes, abogado de Industria 3 Studios, el contrato se realizó a través de la Secretaría de Finanzas y Planeación en enero pasado, sin embargo, el gobierno estatal no transparentó dicho acuerdo ni tampoco los términos en los que se dio, a pesar de que la Ley de Adquisiciones de Veracruz en sus artículos 26, 27, 28, 29, 31, 37, 38, 39, 43 y demás relativos y aplicables, indica que los contratos mayores de 182 mil pesos deben otorgarse por licitación.

Esto evidentemente no ocurrió y, para acabarla de amolar, el abogado dijo en un comunicado que el pago tenía como opciones la transferencia electrónica o en efectivo, aunque desconocía la logística que el gobierno de Veracruz utilizaría. Como quien dice “ahí quedó la bolita” para el que la quiera cachar.

            Ahora bien, en segunda tenemos las salidas de dos funcionarios del gabinete estatal: Vicente Benítez González y Omar Alemán Chang; Tesorero de Sefiplan y jefe de la Oficina de Visitantes y Convenciones del WTC de Boca del Río.

            La de Benítez pareciera una consecuencia hasta protocolaria por su aparente falta de pericia al haber mandado los dineros únicamente firmados y sin explicación de por medio, como si no supiera que en los aeropuertos, las documentaciones de esta índole son indispensables y deben ser precisas.

            ¿Le parece raro? A mí también. Una administración estatal no puede desconocer estos procedimientos, por lo que la suspicacia en el caso estaría apuntando a que esto fue un movimiento ciertamente planeado para causar la reacción que tuvo. El motivo: justificar, tal vez no de manera inmediata, movimientos como el que aconteció con el otro personaje en cuestión, el muy cuestionado Omar Alemán Chang, a quien los señalamientos por el uso de los recursos obtenidos a través del impuesto del dos por ciento al hospedaje lo tenían copado y habían obligado a guardar un relativo silencio hasta que se diera su inevitable ¿sacrificio?  

            No olvidemos, además, que Alemán es otro de los identificados con la “fidelidad” y por ende, sería una cabeza más en el matadero de los que pertenecen a este oscuro régimen que la actual gestión estatal parece querer desaparecer, aunque en el último de los casos, los recursos del citado impuesto (tal vez parte de los 25 millones asegurados) hayan servido para, en efecto, promocionar al estado contratando empresas de prestigio internacional para garantizar los resultados. ¿Entonces por qué no decirlo así, derecho?



SUI GENERIS

¿Juega Javier Duarte de Ochoa demasiado cerca del fuego? Al Ejecutivo estatal parece importarle poco ser crucificado por la opinión pública con acciones que promuevan una percepción lógica e inmediata, pero no precisamente certera, en vías de eliminar el verdadero lastre de Veracruz, en un primer escenario: el legado fidelista.

Lo anterior respondería a la estrategia electoral con la que estaría cooperando a través de su partido en el estado y, además, asegurar otras acciones que en sus cinco años restantes cuenten con el argumento necesario para ser aceptadas.

            Asimismo, mejorar aún más la relación con el Gobierno Federal en lo poco que le queda de mandato, eliminando todo rastro del non grato Fidel Herrera y con el objetivo de aprovechar todo lo que se encuentre a su alcance para proveer a los veracruzanos de mayor certidumbre, incluso aunque lo que se vea, no sea lo que sucede en el fondo. O usted ¿cómo la ve?



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