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jueves, 25 de octubre de 2012

VÍA CRÍTICA / Un Leviatán "sin filtro"


Por Miguel Ángel Gómez Polanco

La insurgencia es un albur cuando no se tienen bien sustentados los ideales, quedó comprobado. El “monstruo” de la pantalla, la imagen e identidad aspiracional, puede romper con cualquier esquema planteado para infundir pensamientos, dando el giro equivalente a una “traición”, incluso cuando la intención sea otra.
            Lo preocupante, al final, es la concepción de los movimientos insurgentes en un país carente de orientación democrática, cuyo fundamento se basa más en características anti-sistema, que en un fomento de la actitud propia de un país educado en el tema.
            Ejemplos hay de sobra; la historia habla por sí sola. Francia y su racionalización de la democracia, dándole un cauce reformador; Estados Unidos y la adecuación empírica, restauradora pero continua; ambas partiendo de estallidos revolucionarios como los de 1789 y 1776, respectivamente.
            Pero ¿México? ¿A qué le tiran los insurrectos que abogan por expresiones ambiguas como la “democratización los medios de comunicación”, cuando ni siquiera poseen un ideal democrático (y por ende, racional) o ya de menos, empírico?
La respuesta es fuerte y lastimosa: la democracia para gran parte de la juventud mexicana es entendida, no como “la igualdad que nos hace libres”, sino como la libertad para igualar a los tienen el poder. ¿Quiénes lo tienen? Habría que preguntárselo a los integrantes del #YoSoy132, ahora conocidos por sus filias vandálicas, poses de intelectual mocho y con una fuerte tendencia a convertirse en parte de las corrientes ideológicas, más no en una corriente misma que represente la vanguardia democrática que necesita el país.
            Ya no es raro que se den hechos como los suscitados en las oficinas de la representación del estado de Michoacán en el Distrito Federal, donde encapuchados tomaron las instalaciones como medida de reclamo por lo acontecido en aquella entidad con normalistas. Éstos se identificaron como integrantes del movimiento #YoSoy132, en una clara muestra de la confusión respecto a la disidencia que el fenómeno sugería en un principio y que tenía como finalidad primaria la dignificación de la democracia.
            Asimismo, tenemos el caso de Antonio Attolini; estudiante del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y exvocero cientotreintaydosezco que no pudo con el “enemigo” y se le unió, formando parte del show y cayendo en las especializadas herramientas de reclutamiento farandulero que posee Televisa, como panelista del flamante programa de análisis “Sin Filtro” a transmitirse los domingos en el canal ForoTV y en el que también participará Genaro Lozano; quien fuera moderador del debate presidencial organizado por el movimiento en cuestión.
            En este sentido, está demás que el “emperador de San Ángel”, Emilio Azacárraga Jean, haya salido en defensa del programa de debate en cuestión, argumentando una inconformidad total de quienes criticaron la incursión de Attolini en “Sin Filtro”, no obstante la “apertura” a la opinión que, dice él, ofrece su empresa. De cualquier manera, la estrategia funcionó al captar el interés de quien ostentaba como uno de los rostros más conocidos del #YoSoy132, que aunque carente de liderazgos reales, lo consideraba como figura representativa.
            Aquí lo realmente importante es la diversificación de objetivos que inundan las filas del movimiento, carentes a toda luz de metas comunes que permitan considerarlo fuera de la naturaleza politizadora que caracteriza al país y, por lo tanto, poseedor de una cualidad creíble en su discurso, hoy transformado en una revelación del estatus ético de la juventud nacional.

SUI GENERIS
Así es: a los #YoSoy132 les dieron “attolini con el dedini” y, de paso, se le proporcionó a la opinión pública mayores herramientas de crítica hacía un fenómeno social insustentable que pone en riesgo su esencia socialmente reformadora e inequívocamente necesaria.
            De haber sabido que varios "intelectuales" del #YoSoy132 como Attolini lo único que querían era sustituir a los "intelectuales" de Tercer Grado. ¿Qué sigue? ¿Un programa de revista para López Obrador en la televisora de Carlos Slim?
            El concepto de la democracia en México está en crisis y mientras, el que Hobbes podría llamar con facilidad “Leviatán del Periférico”, continua su labor de acaparamiento; ese que ni el más “anti” podrá derruir si no se replantean los ideales en los que se fundan, empezando por lo básico, como eliminar este prefijo y, quizás, cambiarlo por alguna preposición como “pro”. ¿O usted qué opina?



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sábado, 31 de marzo de 2012

VÍA CRÍTICA / Encuentros cercanos del Tercer Grado

Miguel Ángel Gómez Polanco

Estoy consciente de que probablemente el caso que expondré no sea de su completo agrado o credibilidad. Sin embargo, considero importante que se tomen en cuenta las repercusiones que pueda tener en la población cuya limitante, irónicamente, es el conocimiento –más no la inteligencia, aclaro-.
            Primeramente, pongo en la mesa al programa Tercer Grado, transmitido por Televisa todos los miércoles, cuya conducción o moderación corre a cargo de Leopoldo Gómez, quien encausa las intervenciones de populares comunicadores como Adela Micha, Denisse Maerker, Joaquín López-Dóriga, Carlos Loret de Mola, Víctor Trujillo y Ciro Gómez Leyva.
            Esta emisión, de la cual se podría hablar mucho respecto al impacto que tiene en la audiencia, por ver a “los más importantes periodistas de México” interactuar, vale la pena ser analizado desde cómo puede influir esta aseveración en época electoral. ¿Estamos? Muy bien, sigamos.
            Decía don Emilio Azcárraga Milmo: “Yo hago televisión para jodidos, porque México es un país de jodidos” y qué razón tenía. Aunque seguramente sabía del potencial que su empresa obtendría, quizás no imaginó lo cautivo que tendría al pueblo mexicano, al grado de representar un factor del que se derivan muchas de las decisiones más importantes que involucran al progreso de la nación.
            Por ejemplo, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en México existen poco más de 56 millones de pobres, utilizando criterios para calificar como “pobre”, entre otros, la falta de una educación digna. Ah, pero de los 112.3 millones de mexicanos que habitamos el país –hasta el 2010, cuando ocurrió el censo del INEGI- el 92.6 por ciento tiene al menos un televisor en su casa.
            No hay que ser muy perspicaz para concluir entonces que, además de jodidos, casi que “por naturaleza”, también impera una lastimosa alternativa educativa para aspirar ser un Homo Videns como el que define el autor italiano Giovanni Sartori, pero jodido.
            Por esta razón es que a veces me cuesta tanto entender la queja de una infinidad de usuarios en las Redes Sociales que se la pasan criticando a Televisa y Azteca por sus “contenidos manipuladores”. Al final, todos terminamos siendo parte de ese circo diseñado para respaldar datos como los que el mismo Coneval concluye en las figuras del Estado de México, Veracruz y Oaxaca: tres entidades con la concentración mayor de pobreza en el país en los últimos diez años, y en el caso de los dos primeros, los que poseen las mayores poblaciones electorales de la República, mientras que el tercero, con el mayor número de municipios y repartición distrital.
            ¿Vamos captando? Sé que sí. Retomando, pues, lo que significa Tercer Grado y el concepto popular que recae en él ¿sabía usted que tan sólo el programa en el que estuvo presente el presidente Felipe Calderón Hinojosa, generó una audiencia permanente (es decir, que lo vieron “completo”) de poco más de cuatro millones de mexicanos? ¿Cuántos de esos “pobres, pero con tele” lo habrán visto? Asimismo, se anunció que en ese mismo espacio contará con la presencia de los cuatro candidatos presidenciales, a quienes se les aplicará, dicen ellos, “la misma dinámica” que al mandatario nacional.
            Por lo anterior, es importante que como obligación ciudadana critiquemos, sí, pero que a su vez esto coadyuve para sopesar lo que significa la jodida educación que tiene por mayoría el país, basada en el consumo de productos televisivos que, manipulados o no, van dirigidos hacia el público más necesitado y dócil; ese que identifica como “líder de opinión” a quienes aparecen en los contenidos del duopolio que controla la comunicación en el país.
Luego entonces, una buena opción de aportación social sería que si en sus manos está poder compartir, departir y hasta convencer a esa gente de que razone mejor su voto y no se deje guiar únicamente por estas prácticas sesgadas que son elaboradas expresamente para controlar, lo haga. No por quejarse saldrán del aire, eso debe quedar claro.

SUI GENERIS
Recuerde: comienzan 90 días de carrera, batalla, espectáculo y, espero, de propuesta y sorpresas de esperanza. Están los viejos, los que están y los del cambio ¿cuál es la mejor opción? Usted lo decide. No son las encuestas, no somos los medios de comunicación; es usted, porque la batuta es su criterio y las boletas su orquesta.
En sus manos está el rumbo de país, no en las de ellos, nuestros empleados. ¿Le interesa participar? Ojalá que sí. Por todos, por México; infórmese, analice, exija y vote. Para que se pueda, hay que ser parte de ello. Comienza el verdadero show; comienza el proceso de una nueva oportunidad. Va de nuez la transición.




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viernes, 2 de marzo de 2012

VÍA CRÍTICA / El arte del reflector

Por Miguel Ángel Gómez Polanco

Una barbaridad -¿involuntaria?- es lo que sucede en estos momentos con la candidata a la presidencia por el PAN, Josefina Vázquez Mota. Sí, porque la realidad de los mexicanos en la actualidad, dista del impacto deseado tras las apariciones de esta cándida mujer, quien ha provocado un sinfín de reacciones, la mayoría malas, con las cuestionables acciones diseñadas por quien la asesora, es decir, el español Antonio Solá Reché.

Y es que comienza a ser grande el sentir de contradicción que invade a una buena parte de los mexicanos, luego de que Chepina protagonizara escenas muy lejanas de lo que, por lo menos por protocolo, corresponden a una aspirante por la silla mayor.

Por ejemplo, la aparición de la exdiputada federal en la cocina de una plaza de toros, fotografiada con los chefs encargados del lugar. ¿Qué hacía ahí? Quién sabe. Sin embargo, lo trascendental  radica en el repudio que una “fiesta” como la tauromaquia tiene en estos momentos en México, donde poco más de 100 organizaciones protectoras de animales han manifestado inconformidad y retiro de su ya de por sí parcial respaldo a la panista, al considerarla un disfraz de sus intereses.

Asimismo, está la ampliamente comentada ausencia de su hija Celia María en la portada de la revista Hola, supuestamente discriminada por la gordura de ésta; acontecimiento que marcó la susceptibilidad de los mexicanos y echó por tierra la idea de que una mujer podría promover un verdadero cambio, basada en su sensibilidad.

Esto último, vale la pena mencionar, también ha generado molestia en varios sectores identificados con el feminismo, pues dicho argumento resta importancia al esfuerzo emprendido por la equidad desde hace décadas y que la candidata panista insistió en utilizar, hasta hace pocas semanas, como estandarte en su andar.

Pero si lo anterior no le basta, ahí le va más: en un intento de “acercar” la imagen de Vázquez Mota a la ciudadanía, se eligió la "estrategia" de llevarla a un centro comercial, tomarle fotos y asegurar que, como todos, “ella también va al súper y compra su despensa”. Esto ha causado una controversia desfavorable para la candidata, debido en gran parte a los detalles que se han encontrado en las instantáneas, producto del perfil centinela promovido en los mexicanos a causa de la desconfianza, así como por el poderío y alcance de las redes sociales, donde se origina prácticamente todo lo aquí descrito.

La aparición de los mismos “extras” que en otros escenarios alrededor de Josefina en esta serie de fotos despertó las más severas críticas, cuestionando su veracidad y poca sinceridad en los sentimientos que supuestamente se querían transmitir, y desatando una vez más la reprobación de un amplio sector de la población.

Pero Chepina no es la única que ha protagonizado situaciones más dignas de un show televisivo, que de una elección últimamente. ¿Adivine quién más? Sí: Enrique Peña Nieto regresó a escena, esta vez con un documento filtrado al periódico Reforma que se titula “El candidato de las mujeres”, presuntamente elaborado por el coordinador de compromisos del copete más famoso de México, Gerardo Ruiz Esparza.

De acuerdo con el rotativo nacional, el panfleto tiene el objetivo de “recuperar” al electorado femenino identificado con Josefina; perseguidora más cercana del priista. Lo increíble es la estrategia que plantea para lograrlo: impulsar telenovelas con un nuevo modelo de convivencia, en horarios estelares… Sí, leyó usted bien: Enrique Peña Nieto, el esposo de la actriz Angélica Rivera y principal convenenciero de Televisa, piensa atacar el mercado que representa 50 por ciento del electorado a través del producto mayormente consumido por los mexicanos, de acuerdo con estudios diversos de comportamiento de audiencias.



Sui Generis

Como verá, la paralización de reformas de Peña Nieto, así como el falso aprovechamiento de Josefina Vázquez Mota de todas las herramientas que proporciona la Sedesol, desde que fue su titular, para crear una estructura populista nunca vista en el PAN, no ostentan como parte de las prioridades para la crítica nacional.

Ambos candidatos, sumados al non grato e indiferente “amor” de Andrés Manuel López Obrador, desarrollan una de las mejores cátedras del “arte del reflector”, en el que los temas de principal incidencia en el país no importan tanto como quien logre estar más tiempo en el ojo del huracán de los menos favorecidos, los clase medieros, intelectuales, la burguesía y todo aquel que habite en este país.

Pero ¿de quién es responsabilidad que este penoso teatro siga? ¿De sus respectivos estrategas, quienes se adaptan a las características de la población para influir en ella, o de la misma población que insiste en consumir estos bodrios electorales, espectaculares pero carentes de sustancia y propuesta? Ahí se la dejo, estimada y estimado lector.



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